Tantos días estuve andando sin andar, siendo el ejemplo más claro de la pasividad, analizando cada momento que desperdicié y los errores que cometí, creyendo que si le daba el mayor tiempo y la menor importancia al problema éste se iría como quien espera sin paciencia, sin embargo, ahora, cuando creí que me había abandonado, me encuentro en el mismo camino que una vez recorrí, hacía el mismo barranco en que alguna vez caí, acelerando y sin frenos. Y no, no es tu rostro el que me guía esta vez, es uno ajeno, que sin derecho se ha colado en mis memorias como si hubiese estado ahí desde siempre. No. Esta vez la voz de tu recuerdo, gritandome, me advierte sobre el peligro inminente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario